domingo, 21 de mayo de 2017

SUCIEDAD

Sentada en la mitad de un patio sucio, con el corazón sucio 
y olor del tabaco en la ropa, contemplando la nada en medio de todo 
y sintiendo como la mentira carcome sus buenas intenciones.

Hallándose inquieta en una perfecta inmovilidad, 
en un desasosiego pútrido y doloroso, escuchando las voces 
que se habían acallado hacia tiempo en su interior.

Dándose al olvido, queriendo recordar por siempre sus horas felices, 
guardando su ingenuidad en un baúl sin llave, como quien tira su vida a un abismo
del que jamás podrá salir, si es que puede continuar viviendo.

Sentada en la mitad de un patio sucio que quiere limpiar, 
aunque no pueda deshacerse de las manchas en su alma, 
aunque sus intentos fallidos le otorgaran la esperanza, era mejor consumirse, 
abnegarse, rendirse y seguir envenándose en el humo de su cigarro.

K.B.


martes, 14 de marzo de 2017

DUDAR

Cerré los ojos ante la evidencia, le concedí una prórroga al dolor.
Le otorgué a mi conciencia el peso de la duda, ínfima y eterna, la duda que destroza.
La duda que sangra dentro del pecho y se coagula aprisionando el corazón.
Alargando el camino de descenso hacia la derrota he fingido que mi fe es suficiente.
¿Cuál fe? de cierto he de decir que esa tal no existe, solo la ceguera ante lo hiriente.

El regocijo hipócrita ante la dulce y piadosa mentira se torna más sucio a cada minuto.

K.B.




martes, 14 de febrero de 2017

CARTAS DESDE EL CUARTO

Este suicidio diario amenaza con tu vida. Mi melancolía es un asesino serial y silencioso. Quisiera pedirte que salieras sin decir adiós, pero sé que querré un último beso. En el fondo, jamás querría nada que fuera lo último contigo. Pero muero, me entierro en mis pesadillas, en mis sombras, en ese cuarto sombrío que había cerrado, pero que visito de vez en cuando para aislarme de los murmullos humanos y las risas de aquellos que simulan ser felices. ¿Sabes? Contigo he sido feliz, no mentiría. Solo temo que un día no soportes más mi perniciosa ambición de no sentir demasiado. 
Tú no lo sabes, no sabes cuánto lucho, en vano, infructuosamente, como lucha un insecto por escapar de la telaraña, pretendiendo huir del amor en que me hallo atrapada. La vida me pesa un poco, no sabes de mi cansancio, de mis penas, y de todo aquello que olvido cuando estás a mi lado, por eso no lo sabes. Por eso puede que me ames, porque no has entrado en ese cuarto oscuro de lamentos nocturnos, no has sentido los gusanos arrastrarse por tu piel, no has oído los sollozos del pasado como estruendo en tu cabeza. Por eso puede que te ame, porque sueles evitar que pase mucho tiempo allí encerrada y salgo al mundo de dónde has venido y me has dado motivos para quedarme aquí. Mas no evitas que camine aún por las sendas empedradas que raspaban mis rodillas, y miro a través de mi camino hacia atrás, con la mirada orgullosa de quien ama sus raíces y sus heridas. Amo mis heridas, solo por ellas puedo darte un poco más de mí, un poco más de lo que antes di. 
¿Te has sentido cansado? ¿Has cerrado tus ojos esperando no abrirlos más? Me desharé de la llave que me adentra en aquel lugar, seguro, algún día. Hoy solo no toquen a la puerta, temo que se abra y sus horrores sean homicidas. Mañana querré simplemente no volver, así como hoy no quiero volver, no quiero la vida real, no quiero la rutina que me embebe en un siniestro aburrimiento de obligadas acciones sociales. Anhelo la ausencia de sonidos mas todo me envuelve, me aturde y creo desvariar.
Silencio, soledad, este es mi eco, una dosis de algo pudiera probar, no tengo nada, de entre todos mis vicios solo estas letras manchadas de cenizas puedo mencionar. Y mi cigarro…y quizá, tus ojos…


K.B.

martes, 27 de diciembre de 2016

TÁRTARO



Caer, derrumbarse, tocar el fondo y volver,

como las hojas secas, llevadas y arrastradas,

ancladas entre el suelo y las rejillas oxidadas,

al final pisoteadas y hechas polvo para perecer.

Desvanecerse en negras sombras al amanecer,

desplomarse abatido sobre el suelo que te ansía,

hundirse cual glaciar al cual el hielo ya no enfría,

fluir como el agua, para el mundo y la vida recorrer.

Caer, derrumbarse, tocar el fondo y volver!

y de los infaustos y sombríos abismos descender,

con el viento en contra, golpeando tu fachada,

dejando hacia abajo caer tu sangrienta babeada.

Derribarse en la lona después de la ardua pelea,

caer como el detrito y el despojo del trasero mundano,

volviendo a la tierra como abono de algo menos vano,

y creciendo verde para que te traguen los de peor ralea.

K.B.

sábado, 16 de enero de 2016

DEPRAVACIÓN

Aquella madrugada, le vio de nuevo por el delgado espacio que quedaba entre la cortina. Pero esta vez fingió que no. Pensó llamar la policía, pero finalmente nada funcionaba como debiera en la ciudad. Los locos están sueltos, los policías rascándose las bolas. Una nube de pensamientos le invadieron y simplemente dejó caer su toalla y empezó a frotar la crema por sus piernas. Luego tomó su loción de brillantes para el pecho y la sobaba suavemente sintiendo el morbo sobre ella. Era enfermo, lo sabía. Era enfermo su proceder. Podría estar frente a un demente, o un brujo, o un ladrón. Todo era incierto.

Lo único que sabía en ese momento, es que hacía días no tenía un encuentro sexual y saberse observada quién sabe de qué modo le había excitado la mente mientras se bañaba. Días antes solo pensaba en como verle la cara mientras lo llevaban esposado y su madre le escupía la cara mentándole la calavera de su abuela. Pero nada fue así, y ¿si abría la ventana y dejaba que tocase al menos sus pechos o pasase su lengua por ellos durante un minuto? ¿Y si le calmaba la obsesión con 10 minutos de sexo? De nuevo se sintió enferma y asquerosa con un sometimiento morboso a sus fantasías.

Ahora sentía miedo, vio el reflejo de un flash en el vidrio y supo que el hombre estaba guardando un pequeño recuerdo de su locura  y simplemente salió del cuarto para vestirse fuera. Pero su lujuria había llegado a un punto en el cual no podía retroceder ya y recostándose sobre  una pared posó sus manos con fuerza entre sus piernas y con bruscos movimientos consiguió uno de los orgasmos más satisfactorios de sus últimos tiempos.


El sonido de una moto le alertó y salió de aquella visión violenta y depravada en que se halló sumergida mientras se venía con las manos húmedas y profundas. No solo era la moto, eran los gritos de su madre que lo había ahuyentado y mencionaba cuanta palabra soez existía y se le ocurría. Fingió alterarse como si no supiera de su presencia y denotó la preocupación del caso, terminó de vestirse, tomó su café y salió de casa tranquilizando a su madre, “ciertamente  atraparemos un día de estos a ese desgraciado”.

K.B. 

domingo, 18 de octubre de 2015

TE DEJO ROSAS Y SANGRE

Derramaré mi sangre sobre tu sepulcro,
Aquí en este cementerio donde fui tuya,
Donde tu olor se mezcló con el de la muerte,
Y mi alma ausente vagó entre las tinieblas.

Entre cruces y lápidas, no en vano me juraste,
Que hasta la tumba habrías de llevarme,
Y hoy que recorro este pasillo de cadáveres,
Te siento y te respiro en el frío, sigues conmigo.

Has tomado mi mano y el hielo sería más tibio,
En mi pecho la resguardo, buscándote un alivio,
He vuelto y traje rosas, negras y perfumadas,
Esa es la promesa que te tenía guardada.

Ahora duerme de nuevo y bebe de mi sangre,
La luna y las campanas el final nos anuncia,
Siento la luz opaca y el sonido se hace leve,
Vuelve a tu recinto,  porque aquí afuera llueve.

Cantaré una melodía que acompañe tu silencio,
Escúchala mientras tus ojos de cadáver duermen,
No, no llores, que tus cuencas se empozan,
Cuando me vaya aún quedarán mis rosas.

K.B.


sábado, 3 de octubre de 2015

HUELLAS EN EL POLVO

Después de aquella golpiza que le había propinado la vida, todo cuánto le rodeaba le causaba repugnancia, excepto su felino. Al llegar, lo encontraba siempre tras la puerta, aguardándole. Parecía saber que solo se tenían el uno para el otro, por eso clavaba una mirada de misericordia en aquel despojo humano que le había adoptado tiempo atrás.
Nada era distinto al entrar, pasaba sus dedos sobre un viejo mueble y se entretenía, a veces, dibujando las tres iniciales de su ahora extinta felicidad, sobre el polvo acumulado. Aun se divisaban las señales de días atrás cubiertas por capas mas recientes del mugre. La cocina seguía intacta, como si nada hubiera cambiado, solo un vaso whiskero era movido de su sitio cada día, justificaba que el agua no lo ensuciaba, por lo que llevaría buen tiempo sin ser lavado. La vida se vuelca como un coche al precipicio conducido por un ebrio adormecido.
Un montículo de recuerdos nacía sobre la almohada, la ropa de cama no había sido cambiada, no por su cuenta. Nada le incomodaba, bastaba con tener su dosis en la mesilla cada noche. Los sueños, esos no cesaban, ni aun reposando en fantasías dejaba de tenerlos. El médico lo advirtió, después de dos semanas ya no funcionarían, solo le crearía una adicción innecesaria. Rodaba, interceptado por las ramas que lastimaban pero no lograron frenar la caída. Y de nuevo, la agitación le despertaba súbitamente, las lágrimas y el sudor.
Siempre habrán dos caminos para quien se condena a la vida involuntariamente: Decidir terminarla o vivirla del modo que sea. Eso hacía, la vivía, el felino de apenas 4 meses aún le necesitaba, fácil solución,  la muerte viene en igual medida a todos. A veces hay que verla en los ojos de dos pequeños, en la mano estrechada y aferrada del amor, a veces en unas garras pequeñas e indefensas.
Siempre creyó que el diablo le buscaba, su reloj marcaba las 3:00 am cuando el éxtasis de sus pesadillas le despertaban. Fumar, exhalar muerte lenta en el baño, mientras el día clareaba. Sirvió leche en su platito, se veía turbia, pero era un animal, no podía sospechar nada. Maldición, ¿porqué no la bebía? Quizá si tomaba antes él le seguiría. Hagámoslo juntos amiguito. Se sirvió una porción suficiente, se lo zampó. Abrió las fauces del felino delicadamente, era un cachorro apenas, le quería, había acompañado su vacía vida, había calentado 30 cms de su cama helada y solitaria. De a pocos le hizo beber.
Solo se tenían el uno al otro. Ya no se necesitarían, nadie les extrañaría. El polvo terminaría por desdibujar aquellas iniciales en el mueble, ciertamente nada desdibuja el dolor de un corazón marchito, el suyo latía mecánicamente sin razones, pero ahora eso debía terminar.

Cuántos días y aún podía sentir el olor de la muerte, un pútrido aroma le hizo sentir vivo en medio de su convicción de estar atravesando el averno. El corazón se negó a morir, sus ojos velados le vieron, junto al platito, descompuesto y algo carcomido. No siempre hay dos caminos, quizá no siempre hay opción de decidir. A veces simplemente hay que vivir, del modo que sea.

K.B.